¿Quién soy?

Nací en la ciudad de Punta Arenas. Mis primeros años los viví en una estancia casi en la frontera con Río Gallego, Argentina, en medio de la naturaleza, la nieve y los animales, con un clima extremo pero indescriptiblemente hermoso.

A los 7 años emigré con mi familia para vivir en Santiago.

Cuando recuerdo mi vida allí, las imágenes que vienen a mi mente no hacen justicia a lo que viví. Un campo bordado de ovejas que se perdía hasta donde mi vista ya no alcanzaba, el olor de la lana, el viento que parecía partir mis mejillas, el frío indescriptible bajo un sol cegador, un invierno casi sin luz de día y un verano en que la noche empezaba después de varias horas de sueño…

No hay una imagen que resuma lo que en esa tierra austral se vive.

Estoy convencida que esta sensación que me acompaña desde niña la trasladé también a mis pinturas. Es la inquietud constante de saber que lo que ven los ojos es solo una parte de lo que realmente está ocurriendo.

Por ejemplo, en el cubismo se pintan las tres dimensiones en una sola para representar la imagen completa.

En mi caso, necesito plasmar elementos, sensaciones, algo que no es visible a los ojos aparentemente, pero que es fundamental para mostrar todo lo que una persona o un paisaje es.

Tal vez por eso mi técnica preferida es el collage. Investigo, corto, dibujo y pego imágenes en el computador para mezclar la realidad con la imaginación inspirada por la esencia de la imagen y lo que transmite.

Una vez que logro una sola imagen ideal, la dibujo en la tela y empiezo a pintarla primero en aguada, y después capa por capa cada color.

Pero no pienses que esta elección responde a un criterio intelectual, no. Tenía nueve años cuando mi temperamento inquieto me llevó a jugar con témperas, lápices de colores, tinta, telas, hojas o plumas. Me encantaba mezclarlo todo y reproducir lo que veía.

El camino a la pintura

Por escuchar más de la cuenta a los adultos, estudié Diseño en vez de Arte en la Pontificia Universidad Católica de Chile. No era lo que buscaba y por eso complementé la carrera con talleres de dibujo avanzado, dibujo de figura humana, pintura (óleo), acuarela, gravado, serigrafía, escultura, técnicas textiles (batik, estampado, tenidos en tela, telar etc.) y técnicas plásticas en general.

En una búsqueda constante que complementara mi modo de expresión, tomé también talleres de comunicación y expresión artística, de cómo plasmar un olor, una temperatura, un sonido, un sabor en una imagen y transmitirlo. Ramos de Estética, cine, fotografía, fotografía tridimensional en un laboratorio con rayo láser, laboratorios de revelado a color…

Siempre quise dedicarme a la pintura, pero el temor y las responsabilidades me fueron alejando de mi sueño.

De vez en cuando hacía una pintura que colgaba en mi casa, regalaba o incluía en el proyecto de decoración de un hotel. Pintar me llenaba de felicidad, pero no me atrevía a dar el gran paso.

Hasta que en diciembre de 2013 renuncié a mi trabajo para dedicarme por entero a mi gran pasión.

El temor del inicio dio paso a la euforia, resultado de la compra de mis primeras pinturas: las caras de satisfacción cuando ven mi obra, que se lleven un pedazo de mí para colgarlo en alguna pared de su casa o regalarlo a alguien que aman, me ha empoderado, y desde esa fecha no he dejado de pintar, lo que me hace inmensamente feliz.

¿Por qué pinto?

Cuando entrego una de mis pinturas, no se trata solo de un cuadro. Te entrego un pedazo de mí para que lo regales a un ser querido o vistas una pared de tu casa.

Sé que el lugar que elijas ya no será el mismo y que con mi pintura, contribuyo a tu felicidad.

Esa es mi misión, el sentido de mi vida.

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